209 F

Un tipo con un mangrullo vigila las góndolas del Farmacity. Por fin llegó el invierno. Escribir una historia: disfrazar consecuencias de casualidades y casualidades de consecuencias. Tomar nota: Alejar lo más posible las causas de las consecuencias.

209 E

Me duele mucho el cuello. Dormí una noche en tu cama y ese día se me pasó. Hoy todo volvió a la normalidad. Y eso que nunca nos habíamos peleado.

209 D

Un ciruja tiene tatuado un anillo que dice El Amor.
Película china. Un corte carré canoso y un charco marrón de la tormenta de anoche. Avenida Juan B. Justo. Último día de Abril.

209 C

No logro entender. Si los viajeros de este tren están tristes o cansados. O felices. Quizás es eso. Están felices y yo no tengo la menor idea.

209 B

Estoy haciendo unas galletitas en el horno, y dudo de casi todo. Para colmo es feriado. ¿Por qué me trataste tan mal cuando bajé a darte las llaves?¿Por qué si esa luz te quedaba divina?

209 A

me puse una crema que me hizo acordar a vos.
evito la cuadra de tu casa últimamente.

208

El tiempo se volvió un trompo extraño, donde las cosas van y vienen.
¿Quienes son nuestros poetas muertos? ¿Quienes son nuestros poetas jóvenes?
Entre la vista preliminar y la profundidad que ya no existe. Imagen plana del mundo. Otra vez.
Insisto y me distraigo con versos: una duda de pelo corto, transpirar de a dos.

Creo que me conviene pensar a los surtidores de nafta como tumbas.
Y a los niños como frutas.
Y los perros mudos. Anotá: Tirar los cuerpos a los perros mudos

- ¿Cómo te metiste en esto? Preguntó
- En determinado momento de nuestras vidas, todos los pibitos argentinos cometemos una estupidez irreparable.

No nos interesa cómo vivió tu poeta favorito.
Nos interesa cómo murió.
De que forma se murió.

207

Mis ojeras tienen tres candados
uno es la poesia, y las otras son preguntas,
una obra por escribir y el suburbio.

Si hay un abismo es el lenguaje, y nuestro espíritu inquieto
la sutileza: las plantas, y nosotros sin dormir a la mañana.
la sutileza, caerse apenas te tocan, mover lento la cabeza, medio puestos

Cómo articular palabras. Congruente/incrongruente.

Y un halo de conurbano que te envuelve como una capa
escribir un cuento, donde todo sea realidad. 

una situación reciente
Unos aviones que pasan, y mi viejo los señala, cada vez, con un sonidito de exclamación, como si fuera un niño, y fueran una novedad, una novedad de ahora y para siempre. Quizás su padre se los señalaba. Estoy con una chica, en una fiesta oscura en un parque, y para ella los aviones son como colectivos, no los mira. Sin embargo me habla, y me besa; me gusta y estoy bien.

un recuerdo mas ambiguo
Yo era chico, un año nuevo familiar invitamos a un ciruja a brindar. Salimos a ver los cuetes a la calle y él estaba revolviendo los tachos de basura, entró a tomar algo, pudo haber sido sidra o seven up, en la puerta de mi casa había colgado un peluche de un osito adentro de una media roja y blanca. Lo tocó con un dedo y dijo uh, o dijo je. Sonrió. Porque era un osito. No se si era año nuevo o navidad. Como si lo mas agradable que hubiera visto en el día fuese ese peluche. Como un niño. Él no hablaba, o hablaba mal. Y estaban por ahí mi tía, y mi abuela, que miraban raro.

206

tiraste por la borda
cinco siglos de canciones de amor

ahora, en un alba constante
mientras atardece el mundo,
decidí ahogarme en la poesía
que habla del machimbre podrido
y de lo que no se puede.

205: drástico

Tus manos después de hora
te acordas cuando hacías pan?
he aprendido dos o tres cosas:
mi equipo es de once, pero a veces lloro, y se lesionan de a cuatro jugadores

Y al final del día, en una soledad imperdonable
una soledad irrefrenable, pienso:

Mi cadáver desparramándose en el pasto, como si fuera una sábana

Mi cadáver descomponiéndose, cayendo sobre la tierra como las sábanas caían sobre la mañana: el sol ansioso, entrando por la ventana e intentando en vano trazar una línea recta entre un brazo y tu pecho. Para mi cadáver que ya no es mi cuerpo: sólo el dolor silencioso de pudrirme, sin poder ya, llorar/recordar/comparar:

Tu cuerpo se curva, me aprieta, me recibe, se expande, se aleja, se destapa, se cubre. Sueña con otra cara, se despierta y me besa: Para mi cadáver estirado, de obrero durmiendo a la hora de la siesta, ya no hay recuerdos.

Mi muerte estirada, que sólo puede ser porque vivió: esa cama sin apuro y tu piel apretada contra la mía: para darle algún sentido al invierno frío, de avenidas llenas, a todos esos siglos de los que ya no tengo conciencia. Mi cuerpo que ya no existe y mi espalda que es de tierra y de un musgo que no es hermoso ni horrible; ya no pueden siquiera extrañarte.

204

Como si fuera el aniversario de algo, fundo una fecha patria, y descubro un sillón.
Es feriado, las reglas del mundo no cuentan.

Un regalo que me irrita,
porque es el pasado,
porque es el tiempo.

Ahora hace frío, ya no alcanza
con la imagen,
del humo de las hojas prendidas fuego corriendo fuerte en medio del día.

Sumamos capas, anotar: los brazos desnudos, apretados con fuerza al torso, el frío afuera, el vapor adentro, el humo de las hojas estrellado contra la ventana.
Borracha, un martes. Pobre y tonta,
suertuda al fin y al cabo. Con la imaginación carcomida por ratas pequeñas, mundillos desarmados, humedad y descampado.

queda lo que importa, un gotero, un cuenta gotas
tan ligera iba
que ni cuenta me di.

Olor a papel prendido fuego. Youtube suena como una fonola antigua. Lluvia en la ciudad. Más porteña que nunca, me raspa un párpado. la idea de un bar. El boceto de una obra,
la delación, y un frasco de tinta irremediablemente caído.

dos cientos tres

En las góndolas del super chino
pienso en una naturaleza muerta con botellas de tomate
en Rembrandt, en la pomada para zapatos. En la caja de Brillo
Una vecina busca cajas para mudarse.
Escribo un monologo estancado,  sobre una estación de servicio, sobre un camión en una ruta, sobre un morboso programa de tele.
Un rodeo a la idea de la muerte. Un rodeo norteamericano, un sueño desesperado.  Me estalla el celu, un chino me filma, y lo sube a Youtube. ¿De qué vive tu película? Antonioni perdió el habla. Un alemán se fué al desierto yanquee y sacó sus mejores fotos. Me regalaste un cairel y produce un arcoiris sobre el acolchado que me está desesperando.

Yo podría haber sido la dueña de una confitería,
o haberme criado en una estancia, en una finca productora de aceite.
Sin embargo, anoche soñé que trabajaba en una estación de servicio.  
Que me pintaba los labios, que esperaba algo.

202

De un tiempo a esta parte, es que el sentimiento se ha puesto débil.
En este país, la navidad huele a jazmines.
Estoy masticando un poema hace un tiempo
en mi ciudad antigua, ciudad ilusa. Banquito en el balcón.

El poema es la ausencia. El polvo de los tilos,
unas banderas que quedaron del mundial pasado.
Caí muerto, frente a un paisaje de Cezanne, y descubrí una notita debajo de mi cama:
hacer un invernadero.

Volver a escribir, como quien vuelve a casa, como una repetición sacra.
la lampara tenue de un taller mecánico es el prólogo de un cuento.
Hace un mes que llueve. Y pareciera que va a parar.
Conquistaremos una ciudad, el poema es siempre el mismo.

201

hay una paloma,
que es el mundo,
estrellada contra la vereda

200

despierto temprano
el bosque es azul a cierta hora y a lo lejos
en esta casa no se escucha música.
recolecto frutitas, como juntando piedras, como un mono. arrastro una silla de plástico de jardín.
abatido en la ficción
sesenta metros de árbol, los números descansan en las puertas del bosque
colectivo local. todos hablan el mismo idioma. no comprendo. clavo la vista, ahí está de nuevo, la señora que limpia el monumento de La Fraternidad

199

Mientras digo Cocina comedor,

vuelvo a la poesía
como quien vuelve a casa.

En el sillón,
me acosté.
Tarde, sin dinero, cantando.
Apagué los aparatos. Dejé a los párpados hacer.
Entra por la puerta-balcón. Pasá.
Tu cornisa
los recuerdos,
sensación de realidad.
el gesto enferma
el gesto repite

me atraviesa como un rayo
tu cornisa, aparición amorosa
tres veces, tres, tardamos en comenzar, no podíamos parar.

Uno se despide, cuando sabe que volverá a verse,

repaso escenas, como en una película
baile pleno beso pleno, abrazo pleno. queda todo,
movimiento, colectivo.
frutillas, departamento.

Mientras digo
Cocina comedor
y respiro
y anochece

198 (Burdo)

Se subió al martes. Elogió el sombrero de ala que usa Bob Dylan de viejo y esquivó un piquete de padres en el cambio de turno. Duchamp estuvo en la Argentina y murió de embole. Duchamp apoyó una medialuna, y escribió, ¿Puede una obra no ser de arte?. Se fué a duchar, y pensó en las rimas. Se colgó mirando una bocacalle, agua de deshielo, de la fábrica de cubitos. Será de dios, no hay nada que no sea natural. Hizo un río de sangre, se pinchó en lugares estratégicos. ¿De que vive tu película? ¿Que come tu obra?. Todos explican lo mismo, y alguien se cansó, y se tomó una ginebra en la esquina, y ahora venden hamburguesas, y yo vivía a la vuelta de Gombrowicz, a cien metros y unos años. Ahora venden patys, solos o con huevo. Ya no hablamos de arte. Nos queda la basura electronica. La yuta y los calladitos. Se subió al martes, lo encabalgó al miercoles, y así sucesivamente, como si fuera una novela de Copi, y empezó a nombrar a todos los argentinos copados, y se dió cuenta que eran varios. Mordió la idea de argentinidad. La masticó como un envoltorio de caramelo y miró su ciudad, su ciudad-vieja ciudad-ilusa ciudad-Macedonio ciudad-PeperinoPomoro. Un observatorio es un edificio divino. Hay oficios divinos según ese cartel. No daba más. Por avenidas cantaban unos pibes. Idea de época. Se sentó en una plaza. Ojalá llegara alguien con unos bafles y ponga Babasónicos a todo lo que da. Ideas de futuro. Pintó una birra. No daba más. Se hechó a dormir a las once. Extrañó a un par de personas. 

197

Con la casa asì ordenada 
deberìa comprar jazmines,
quebrar unas hojas de menta;

Y después se atò el pelo, 
y pensò de nuevo, 
comprar jazmines.
Por esos días andaba a los besos,
entraba un remolino de sol azul por las mañanas.
Habìa lavado las cortinas
y nunca las volviò a poner;
le gustaba la idea
de acompasar su despertar con el sol.
Como si fuera un gallo
pensò
y dijo en voz bajita:
parece que estoy rezando.
Como si fuera un gallo,
repitiò
como un rezo.
Y se riò en el pensamiento.
Y pensó en jazmines.

196

La enorme cantidad de posibilidades.
En este momento, mientras esa nube se disipa y deja pasar un rayo de sol, ahí, hay que empujar, correr el límite. Aprieta el cuerpo el poema. Expando mi cuerpo en el cuerpo del poema. Perfumo mis muñecas. Breve ensayo sobre el presente.
Hago sombras chinas. El viento está hermoso, el cielo está hermoso.
Le recé al tío Boonmee, me parezco un poco a él. Me siento cómo, en este misterio, en el momento que. Estoy un poco lejos de todo.
En el colectivo,
un pibe le hace trencitas a una piba. La repetición como salvación. La repetición como salvación.
Anoche hubo una tormenta de humedad. Nadie se pintó los labios porque era un desperdicio.
Vi una chica riendo en una galería vidriada (y) extrañé nuestras aguas estancadas.
El olor de un cajón de frutillas, algunas golpeadas, las maduras aplastadas, las maderas manchadas.
El olor a un cajón de frutillas, algunas pasadas.
En un auditorio lleno de gente, me escapo por unas canas nuevas, una blusa blanca.
Veo algunas películas en la calle. Las anoto. No tengo memoria. Un enano con casco de bicicleta come un sanguche de miga; tiene treinta pesos en la billetera. Una señora parece salida de los viajes de Chihiro; llega corriendo al tren con un ramo de flores de plástico.
Aplasto el cuerpo del poema, podo sus ramas viejas.
Estoy cambiándole la tierra a mis macetas de patio húmedo. Una señora vende sus bizcochuelos en el once.
Su poesía es contemporánea, como toda poesía. Se prende fuego la calle principal. Me acaricio el cráneo con la punta de los dedos. Enumero. La historia parece un policial, estaba yo en un auto.
Hay personas conociendo personas todo el tiempo. Déjame decirte adiós.
Romperte la boca.
Las frutillas están podridas.
El sudor es frío. El amor rubio.

195

Estábamos nadando, más allá del Río Das mortes, atravesando el codo.
Se acercaron los espíritus danzantes, y dieron un show de luces mientras llegaban chapoteando.
El otoño era un zorro distraído.
El otro sólo miraba.
Entonces, quiso fundarse, como si fuera una ciudad, o una banda de rock.
Se proclamó príncipe y se bautizó nativo. Príncipe nativo y hermoso, dueño de sus sismos que reina hasta donde termina el patio.

La niña, en otro codo del río ahora turquesa, quiso morir. Plantó nardos, los regó rápido y les dió sol falso. Tenía una cruz de madera, atada con una pestaña. Se la clavó en el pecho y pidió en un silencio muy bajito.

La menor empezó a hablar como si nada, recitaba poemas horribles y completos. algunos duraban día y medio y sólo paraba para pestañear. Quiso ser famosa, se consagró estrella, con cinco satélites y tres lunas. Su habitación encandilaba.

El río empezó a crecer. Ahora era rosa. Rosa turquesa. Turquesa rosa. Crecido. Enorme y consciente.