204

Como si fuera el aniversario de algo, fundo una fecha patria, y descubro un sillón.
Es feriado, las reglas del mundo no cuentan.

Un regalo que me irrita,
porque es el pasado,
porque es el tiempo.

Ahora hace frío, ya no alcanza
con la imagen,
del humo de las hojas prendidas fuego corriendo fuerte en medio del día.

Sumamos capas, anotar: los brazos desnudos, apretados con fuerza al torso, el frío afuera, el vapor adentro, el humo de las hojas estrellado contra la ventana.
Borracho, un martes. Pobre y tonto,
suertudo al fin y al cabo. Con la imaginación carcomida por ratas pequeñas, mundillos desarmados, humedad y descampado.

queda lo que importa, un gotero, un cuenta gotas
tan ligera iba
que ni cuenta me di. 

Olor a papel prendido fuego. Youtube suena como una fonola antigua. Lluvia en la ciudad. Más porteña que nunca, me raspa un párpado. la idea de un bar. El boceto de una obra,
la delación, y un frasco de tinta irremediablemente derramado. 

dos cientos tres

En las góndolas del super chino
pienso en una naturaleza muerta con botellas de tomate
en Rembrandt, en la pomada para zapatos. En la caja de Brillo
Una vecina busca cajas para mudarse.
Escribo un monologo estancado,  sobre una estación de servicio, sobre un camión en una ruta, sobre un morboso programa de tele.
Un rodeo a la idea de la muerte. Un rodeo norteamericano, un sueño desesperado.  Me estalla el celu, un chino me filma, y lo sube a Youtube. ¿De qué vive tu película? Antonioni perdió el habla. Un alemán se fué al desierto yanquee y sacó sus mejores fotos. Me regalaste un cairel y produce un arcoiris sobre el acolchado que me está desesperando.

Yo podría haber sido la dueña de una confitería,
o haberme criado en una estancia, en una finca productora de aceite.
Sin embargo, anoche soñé que trabajaba en una estación de servicio.  
Que me pintaba los labios, que esperaba algo.

202

De un tiempo a esta parte, es que el sentimiento se ha puesto débil.
En este país, la navidad huele a jazmines.
Estoy masticando un poema hace un tiempo
en mi ciudad antigua, ciudad ilusa. Banquito en el balcón.

El poema es la ausencia. El polvo de los tilos,
unas banderas que quedaron del mundial pasado.
Caí muerto, frente a un paisaje de Cezanne, y descubrí una notita debajo de mi cama:
hacer un invernadero.

Volver a escribir, como quien vuelve a casa, como una repetición sacra.
la lampara tenue de un taller mecánico es el prólogo de un cuento.
Hace un mes que llueve. Y pareciera que va a parar.
Conquistaremos una ciudad, el poema es siempre el mismo.

201

hay una paloma,
que es el mundo,
estrellada contra la vereda

200

despierto temprano
el bosque es azul a cierta hora y a lo lejos
en esta casa no se escucha música.
recolecto frutitas, como juntando piedras, como un mono. arrastro una silla de plástico de jardín.
abatido en la ficción
sesenta metros de árbol, los números descansan en las puertas del bosque
colectivo local. todos hablan el mismo idioma. no comprendo. clavo la vista, ahí está de nuevo, la señora que limpia el monumento de La Fraternidad

199

Mientras digo Cocina comedor,

vuelvo a la poesía
como quien vuelve a casa.

En el sillón,
me acosté.
Tarde, sin dinero, cantando.
Apagué los aparatos. Dejé a los párpados hacer.
Entra por la puerta-balcón. Pasá.
Tu cornisa
los recuerdos,
sensación de realidad.
el gesto enferma
el gesto repite

me atraviesa como un rayo
tu cornisa, aparición amorosa
tres veces, tres, tardamos en comenzar, no podíamos parar.

Uno se despide, cuando sabe que volverá a verse,

repaso escenas, como en una película
baile pleno beso pleno, abrazo pleno. queda todo,
movimiento, colectivo.
frutillas, departamento.

Mientras digo
Cocina comedor
y respiro
y anochece

198 (Burdo)

Se subió al martes. Elogió el sombrero de ala que usa Bob Dylan de viejo y esquivó un piquete de padres en el cambio de turno. Duchamp estuvo en la Argentina y murió de embole. Duchamp apoyó una medialuna, y escribió, ¿Puede una obra no ser de arte?. Se fué a duchar, y pensó en las rimas. Se colgó mirando una bocacalle, agua de deshielo, de la fábrica de cubitos. Será de dios, no hay nada que no sea natural. Hizo un río de sangre, se pinchó en lugares estratégicos. ¿De que vive tu película? ¿Que come tu obra?. Todos explican lo mismo, y alguien se cansó, y se tomó una ginebra en la esquina, y ahora venden hamburguesas, y yo vivía a la vuelta de Gombrowicz, a cien metros y unos años. Ahora venden patys, solos o con huevo. Ya no hablamos de arte. Nos queda la basura electronica. La yuta y los calladitos. Se subió al martes, lo encabalgó al miercoles, y así sucesivamente, como si fuera una novela de Copi, y empezó a nombrar a todos los argentinos copados, y se dió cuenta que eran varios. Mordió la idea de argentinidad. La masticó como un envoltorio de caramelo y miró su ciudad, su ciudad-vieja ciudad-ilusa ciudad-Macedonio ciudad-PeperinoPomoro. Un observatorio es un edificio divino. Hay oficios divinos según ese cartel. No daba más. Por avenidas cantaban unos pibes. Idea de época. Se sentó en una plaza. Ojalá llegara alguien con unos bafles y ponga Babasónicos a todo lo que da. Ideas de futuro. Pintó una birra. No daba más. Se hechó a dormir a las once. Extrañó a un par de personas. 

197

Con la casa asì ordenada 
deberìa comprar jazmines,
quebrar unas hojas de menta;

Y después se atò el pelo, 
y pensò de nuevo, 
comprar jazmines.
Por esos días andaba a los besos,
entraba un remolino de sol azul por las mañanas.
Habìa lavado las cortinas
y nunca las volviò a poner;
le gustaba la idea
de acompasar su despertar con el sol.
Como si fuera un gallo
pensò
y dijo en voz bajita:
parece que estoy rezando.
Como si fuera un gallo,
repitiò
como un rezo.
Y se riò en el pensamiento.
Y pensó en jazmines.

196

La enorme cantidad de posibilidades.
En este momento, mientras esa nube se disipa y deja pasar un rayo de sol, ahí, hay que empujar, correr el límite. Aprieta el cuerpo el poema. Expando mi cuerpo en el cuerpo del poema. Perfumo mis muñecas. Breve ensayo sobre el presente.
Hago sombras chinas. El viento está hermoso, el cielo está hermoso.
Le recé al tío Boonmee, me parezco un poco a él. Me siento cómo, en este misterio, en el momento que. Estoy un poco lejos de todo.
En el colectivo,
un pibe le hace trencitas a una piba. La repetición como salvación. La repetición como salvación.
Anoche hubo una tormenta de humedad. Nadie se pintó los labios porque era un desperdicio.
Vi una chica riendo en una galería vidriada (y) extrañé nuestras aguas estancadas.
El olor de un cajón de frutillas, algunas golpeadas, las maduras aplastadas, las maderas manchadas.
El olor a un cajón de frutillas, algunas pasadas.
En un auditorio lleno de gente, me escapo por unas canas nuevas, una blusa blanca.
Veo algunas películas en la calle. Las anoto. No tengo memoria. Un enano con casco de bicicleta come un sanguche de miga; tiene treinta pesos en la billetera. Una señora parece salida de los viajes de Chihiro; llega corriendo al tren con un ramo de flores de plástico.
Aplasto el cuerpo del poema, podo sus ramas viejas.
Estoy cambiándole la tierra a mis macetas de patio húmedo. Una señora vende sus bizcochuelos en el once.
Su poesía es contemporánea, como toda poesía. Se prende fuego la calle principal. Me acaricio el cráneo con la punta de los dedos. Enumero. La historia parece un policial, estaba yo en un auto.
Hay personas conociendo personas todo el tiempo. Déjame decirte adiós.
Romperte la boca.
Las frutillas están podridas.
El sudor es frío. El amor rubio.

195

Estábamos nadando, más allá del Río Das mortes, atravesando el codo.
Se acercaron los espíritus danzantes, y dieron un show de luces mientras llegaban chapoteando.
El otoño era un zorro distraído.
El otro sólo miraba.
Entonces, quiso fundarse, como si fuera una ciudad, o una banda de rock.
Se proclamó príncipe y se bautizó nativo. Príncipe nativo y hermoso, dueño de sus sismos que reina hasta donde termina el patio.

La niña, en otro codo del río ahora turquesa, quiso morir. Plantó nardos, los regó rápido y les dió sol falso. Tenía una cruz de madera, atada con una pestaña. Se la clavó en el pecho y pidió en un silencio muy bajito.

La menor empezó a hablar como si nada, recitaba poemas horribles y completos. algunos duraban día y medio y sólo paraba para pestañear. Quiso ser famosa, se consagró estrella, con cinco satélites y tres lunas. Su habitación encandilaba.

El río empezó a crecer. Ahora era rosa. Rosa turquesa. Turquesa rosa. Crecido. Enorme y consciente.

194

El diablo pide paz, y le dan pan.
Le están engordando para navidad,
se le está maquillando para navidad,
puedo poner una bomba y devorar cadáveres
me dice en un secreto.
Y ya lo sabemos todos.
y lo queremos a montones,

Buscan un par de argentinos que se perdieron en un terremoto en Nepal.
Mañana seguro aparecen. Malheridos en algún hospital,
o muertos como los otros cuatro mil nepaleses.
Unos cajones de asiento, una jarra de fernet. Bufandas en el cuello y quiero re truco.
Hasta donde llega la ficción.

Me charla una mañana.
La gente que cumple años anda con una sonrisa en los gestos.

Carnaval, sangre y tarimas de madera.

el pedido de auxilio

armé un ejercito de pobres tipos, y la figurita de un santo de bordes dorados
y despegué, como de un cohete ruso, rumbo al pastizal que nos dejó el último amanecer.

valga la redundancia, lo olvidé todo.
río mojado, y yo de blanco, de puntas doradas, de puntas bordadas.
en la arena, dibujé un tambor con los pies,
y deseé más que nunca, una selva como las de Rousseau, deseé más que nunca.
y me aplasté.
a contraluz.
me aplasté, en una panza misteriosa y eterna
y los aviones de colores. y la lluvia silenciosa.
                            acariciando el último paisaje

Los sin sentidos

Bailaban en la noche, como si se les fuera la vida en ello.
Entre el humo, y las coreografías, se olvidaban de la mañana. Salvo que no hayan dormido, siempre les era lo más ajeno. Comían como si fuera la última vez, digo, la primera, y ponían películas clásicas en mute con discos desconocidos. Los encontraron en un puente; abrazados al mediodía. ¿Que hacen acá? ¿Vos sos de acá? mejor no escapar. Quizás llegamos acá porque...
Quizás llegamos acá porque...

En la noche, se les iban las lunas y los signos, es el sacro oficio decía él. Escucha los mirlos nocturnos decía ella. Y todos reían; todos, digo, nadie.  La luna del reflejo. Escabiados al mango, aunque durmieran; eran los últimos orejones del tarro. Los sin amigos de la secundaria. Que hermosos que eran. Los sin amigos. Los sin pinturas. Dijiste orejones. ¿Yo?. Reían los sin promesas.

Tenían trabajos, eso sí. y eso no, claro, porque, claro, que importa, tenían un perro también, y un departamento por algún barrio. Los amantes de la luna llena, para los vecinos. Los perdidos, para los vecinos.
La luna nueva. la luna llena, el cuarto creciente. La música por los parlantes, y ese chispazo de poesía argentino, que les daba energía por algunos días. Están los que miran la tele, están los que comen siempre; están ellos también. En la costanera de un río raro. El exilio. Les encantaba la idea. No entienden los ingredientes de las comidas, no tienen un mango y les encanta la idea. Es verano. Tienen un gato, y un departamento, por algún barrio y no precisamente porteño, los dos extrañan (otros amores). Nada es más importante, que esta comida en cartón, llamar al delivery, porque hace mucho que no comían con Marcel, porque hace mucho que no pedían comida. Marcelo era el pibe del silencio, el del puerto, el que les había dicho hola en castellano. Vaya pibe.
Vaya época, la de los sin promesas. 

Las hortensias

Una noche sin luna/
se fue mi oso;
las almas quedaron quebradas:

Desde ese momento,
tengo que andar cubierto como un Samurai,

pero una noche de insomnio
me morí ligero,
olvidé donde estacioné.
y que en el jardín había abejas,

y dos sillas de hierro blancas.

La otra calma

jugué a los caballos porque no supe que comer.
ahora estoy en una biblioteca humedecida,
bailando sin parar, hubiera yo leído entonces:

explotar horizontal, como si uno se expandiera
                               / como si fuese pasto
cansancio físico, nuestro pequeño atardecer.
las posibilidades la tentación.

La otra calma

189

En el turquesa de las paredes de tu pieza, todo suburbio se vuelve ligero. Esta ciudad es una promesa constante. Está llena de crepúsculos minúsculos. El amor está en todas partes y por eso no existe. Fuente con peces tallados, fuente con peces nadando. Pastel de mañana, la señora que escucha poco; oh, ligereza. Una cortina precaria que se mueve me hace acordar a un libro que relataba algo así como Indonesia. Melodioso, limpia mi barba a raudales. Un libro que te devolví sin ningún señalador. Soy tu primer día de otoño.Avenida vacía del feriado.

188

tus orejas,
como si fueran diamantes preciosos,
las acaricio,
como si fueran flores.

187

Abrazada La vereda de un bar Tu pelo Tu mirar horizontal.

Seré feliz hasta las tres.
Fecha de caducidad.
Casualiad de vencimientos

186

Tuve que romperme la cabeza contra un mostrador,
todo
deriva en belleza.

Tres pajaritos blancos en una jaula, el caballo que reina sobre la calesita. Un chino con una campera. Lluvia prepara primavera. Me duelen los dientes.

Ese chispazo de poesía argentino. La revelación poética. Auriculares nuevos.
Escucho saludos en la radio. Alguien mira la foto de una comida.
Ayer estuvo el diablo aquí
y huele a azufre todavía.
Ayer lloviznó
y limpió la sangre que quedaba.
Voló un globo,
y las terrazas inclinadas, hicieron un saludo cordial.

185. foto

Leemos, como quienes rezan. 
En el colectivo, un ciruja nos maldice.
El supermercado chino puso una alfombra de bienvenida. 
¡Cuantos han escrito! sobre hoteles baratos, sobre ciudades ajenas. 
Personajes con tan poco dinero como nosotros.
Leemos unos versos de Bolaño como quien reza. 
Un perro ladró en la calle, abajo había dos cisnes, y después de acabar pensó: Dos cisnes. 
Las luces de la pieza están apagadas, 
el balcón que siempre deseó, abierto; la ciudad afuera prendida, entrando fuerte. 
La frase más linda del mundo, murmurada apenas. 
Un amigo le dice a otro que se le ve el hambre.
Hacemos porque tenemos muy en claro que esta vida no nos alcanza. 
Levanto mis plegarias, sólo pido una noche de insomnio. 
Abrimos un libro de Pessoa: 
los jazmines le huelen a navidad, se interna en un café con leche, sumerge los ojos en la madrugada, y piensa:
los milagros son la pereza de algún dios. 
Mientras tanto todo. 
Mientras tanto canto, soy sábana, tigre y mugre. 
Croquis escénico. 
Diez grados y algo de viento. 
Nos encantan los nombres propios, viviríamos a citas si pudiéramos, las frases hechas, prediseñadas, combinadas. 
Sistema de gestos, mercado central, casas con arabescos.
Las luces de neón son rosas y azules, dicen selva, kiosco y teatro.
Como si fuera viudo, como si fuera mudo, me siento alejar. 
Y como si fuera ola, como si fuera ponja, me veo volver, seré cisne, seré escena, seré poesía mientras me duren los dientes. 
Los envidio y los adoro, les pido disculpas,está oscuro por detrás de las luces. 
Me subo a mi carretilla, llevo todos los bártulos que perdí. 
Y unas carbonillas, unas palabras ligeras, que explotan en llanto de tan enormes. 
No paro de besar, voy con fuerza, a la vereda del frente, tan intranquilo. El resplandor.

184, una noche

tuviera yo una noche de insomnio en el año.
Estoy tan sencillo y tan intranquilo,
dejara yo de aplacar mis sentimientos:
Hacer un corte transversal por la noche, 
                                          cruzar la ciudad. 
reiná en mi cama.

183

Hice seis pozos en tu vereda, 
como si fuera un perro, 
como si fuera un sepulturero.

Los días en que las casas se ponen hermosas,
te ruego que me confundas. 
Tanta limpieza me asusta y muero ligero


182

Camino por la playa nocturna; un blues en los auriculares prestados. En la noche, camino sin dinero. "En la noche", repiten. No soy las promesas: La dama con el armiño, Las treinta y seis vistas del monte Fuji, Las campesinas bretonas. 
Un deseo absoluto de uñas con tierra. Soy, en realidad, (y en secreto) la excusa perfecta.

Los hermano´ Misterio

   Estábamos con el pelo sucio en la parada del colectivo, un gordito fuma un cigarrillo, un señor se enrosca sobre una raspadita y el gordito apaga el cigarro contra el árbol. Por esa época siempre teníamos el pelo sucio y caries en los dientes de adelante, nos decían los hermano´ Misterio. Una señora se sienta sobre el banco, y lee las noticias nuevas, un pájaro nocturno le come un pedazo de diario.
   Vino entonces el diablillo y nos dijo todo lo que teníamos que hacer. -La virgen no quiso cantar, vamos hasta Aeroparque- Nos subimos al asiento de colectivo de siempre y nos hace tirar el libro de Walt Whitman que nos habíamos robado. Estoy viviendo todo esto por primera vez. Es una revelación algo estúpida pero me doy cuenta recién. Todo lo que me sucede, no le sucedió antes a nadie. Por la ventana vemos a los indios repartiéndose unos perros. Escucho una música en mis auriculares y la escucho tan nítida que me olvido de respirar. Me doy cuenta después. Hoy están raros los hermano´ Misterio escucho dice el colectivero.

Entre tanta balada mal cantada, soy tu novena sintonía.

Dónde está mi pandilla interna, mi sèquito de vacas fieles. Tanta canción me aplastò.
La poesìa es solo... Si tan solo...  Juego melodioso. Juego meticuloso. Y hoy me vuelvo la espalada. Y esto es asì, silente melancolìa fuera de lugar,

La tarde que persiguió al río.
el ritual del frío
la mañana siguiente al monumento
las iglesias de las mañanas.
Los cielos de las cuatro.

La lluvia cae de costado,
¿A donde van los ríos de ciudad?. Calma cueva. Estar cerca. Dónde es.
Me subo a una melodía. Ciudad nueva. Pido mi boleto.
Cambio de silencio por mirarte.
Cae rodando una familia por la calle. Avenida Còrdoba, relàmplago y algo que parece sàbado.

Vaya poetas malditos.

179

Llovió hace un rato, ahora está despejado y frío. Una señorita come una magdalena. Un padre le da un beso en los ojos a su hijo para que se despierte. Pasa el vendedor. Un niño ciego disfruta el folclor de la guitarra. Uno de estos inviernos podríamos dormir juntos. Pasa una banda apretada en un auto, la batería agolpada sobre el guitarrista. Anochece.

han de ser

El sentido oculto de las coincidencias. Tomando notas. No se si solo mirar o conseguirme una cámara y fotografiarlo todo. Camino por adentro del tren y veo gente recién bañada, imagino la fiesta a la que van y en la calle huelo algunas celebraciones. Puedo recordar y predecir el futuro, intuyo un olor a fin del verano y una promesa constante, esa es nuestra ciudad, una promesa constante que nos envuelve con su aura de piso trece. Y yo quisiera que las calles lo fueran todo, y darle un apretón de manos a cada uno de los que mantienen esos balcones. Y una ciudad es una casa, y me pregunto que hacemos mientras no ensayamos, en esos intermedios de realidad.
Análogo a los árboles, soy la vereda de baldosas flojas que inunda las medias viejas. Mi reino por un reino. Dueño de mi sismo. Balcón a la constante. Necesito ese movimiento y este cuaderno. Mi cuerpo florece en la promesa constante. Naturaleza humana, contradicción perfecta. Ese viento, patrón de mi cielo. Pantalla en espera. Debería ir al cine, ya lo estoy necesitando. El sentido del poema, que mis hombros bajen, escribir los deseos, una especie de hechizo, sombra y luz, tinta y misterio. Uñas pintadas y comida para más de uno. Acá. Sistema propio. Constante declaración de principios. Oraciones cortas. Constantes plegarias al poema. Soy cuando escribo. Los andenes vacíos son hermosos porque nadie puede verlos.

177

voy lleno de colectivos,
combinaciones sin número
hacia mi noche de conurbano
no se que hay detrás de sus ojos,
no se con que me mira.
me quedo pensando, un poco absorto,
en que quizás su piel sea de plastilina.
debería asumir que la deseo,
sólo para que se cumpla.
sólo para que se cumpla.
la finalidad del poema.
sigo pensando cosas sin sentido,
dedos de membrillo,
cuello de jengibre,
nubes de su piel,

176

tuve un sueño relativamente hermoso, estábamos al borde de una pileta enorme, en unos pastos. y había muchos amigos míos, porque el sueño era mío. me iba a despedir, o solamente saludarte y me decías que no te molestaba que te siguiera saludando, y empezábamos una especie de ping pong extraño de pequeños besos rápidos que terminaba sin ganador, y quedaba todo tan claro que desperté confundidísimo.

Ensueño

Una laguna de velas.
Toda realidad.
Ropa colgada, tubos amarillos, chapa traslúcida.
Te conozco de veras,
te conozco de vista,
te conozco de verte,
te conozco de memoria: Distancia, dibujo desprolijo.

Cantidad de animales. Todo es niebla.
Una antena y un tendido de cables en el medio del lago. El lugar ideal para el último plano.
Se abren las nubes,
aparecen las laderas.
Se me ocurre un poema:

Ropa colapsada.
Pastel de mañana.

Descuento para estudiantes

Copio las figuras ceremoniales en el museo. No hay luz artificial. Hay salas que están cerradas. Entra la luz por las ventanas y parece una cueva realmente. Salas ocultas.
¿Cuantas lluvias habrá recibido este lugar? La tienda de recuerdos. La moneda artificial. Montaña. Se acerca la tormenta. Prohibido fotografiar, prohibido filmar.

Juego con una soga y mis vacas. Séquito de vacas fieles. A las nubes. Soy un pantano que sale de su lecho fangoso y se evapora cuanto puede. Soy nube de cuerdas; soy música de perro salvaje que te mira fijo.
Pinturas recreativas decorando las salas clausuradas.
Oficina del desacuerdo.
Lotería nacional.
Ministerio del silencio. Museo de sus propias salas.

Charco espejado, plantaciones anegadas: el camión con un rayo dibujado va más lento que todo el resto. Cruzamos la cortina, entramos a la tormenta.
Parpadea el paisaje. Pagaré mi pasaje. Río rojo. Río y paro. Sonrisa y pausa. Ensueño y play. La montaña se quiebra roja: se quiebra en llanto. Sólo una llovizna. Enrojecerse los cachetes, espinillos de la ladera. El parque enrejado, los monolitos. Veo el museo desde afuera. Mi habitación en esta plaza, mi parcela de hamaca; enmarca y rema, el vaivén de tu tarde de cuidadora
de sala clausurada.


Notas

Se despejó. Pasa un borracho con la nariz partida y la cabeza llena de lluvia. Las cúpulas de las iglesias aparecen cada vez más naranjas. El resplandor Martes. Sube y baja. Hamaca. 16 angelitos. Santa Cecilia toda el arpa. Mi lapicera deja de funcionar adentro de la iglesia. Pido una prestada. Levantemos el corazón; lo tenemos levantado hacia el señor. Cuando salga, mi lapicera va a volver a escribir. Cada vez que entro a una iglesia, confío más en los seres humanos. Tu bóveda celeste, tus flores rojas, santo de madera. Velas y campanas. Mis exvotos para la virgen negra, y para la mujer que carraspea en medio del salmo. La madre tose en medio del sermón y no se si es algo parecido a un exorcismo. Alguien mira las velas y no entiende. La virgen de Copacabana debería ser la madre de todas las vírgenes. La virgen madre de las vírgenes. Hay otra virgen que fue tallada por un negro que pudo cargar un bebé o una cruz; por un ladrón que escribe a escondidas en la iglesia más importante, mientras la procesión lo empuja al piso. Velas de colores, velas de vidrio, velas de cera de miles de hombres. Hay un dios muerto, y esa escultura no tiene velas. Tallados los arrollitos de sangre, yace entre sábanas blancas un dios durmiendo la siesta. Escribo dentro de la iglesia y por mis ojos saben todas mis blasfemias. Virgen, te pusieron leds en la corona; virgen, te vistieron de blanco y no te dejaron desnuda, virgen, sexual. Soy de oro, soy ornamento, soy recoveco y simbología, me hicieron para ser pequeño, para apagar el incendio que se desprende de las velas que ardieron de más frente a san Judas Tadeo. Oración por los enfermos. Por mí nadie narra ahora. Salgo.
Afuera ella le saca una foto  al convento de san Francisco. Una mujer lleva algo así como un turbante. Voy a pedir un abrazo. Niño vestido de conquistador entra a la iglesia a rezar. Se me cae el pañuelo, me empeora la letra. Soy símbolo y brazos. No llevo mi nombre bordado en la manga, no llevo mi nombre bordado en el pecho; sólo lo digo cuando me lo preguntan. Lo digo entero, conciso. La gente sale de la iglesia, ofrecen calendarios y mediciones del tiempo. Aún no pedí mi abrazo. Me gustaba la parte de la misa en que la gente se besaba. Iglesia, te pusieron leds en la ventana, iglesia, antes te pusieron ventanas. Nos dieron cámaras de fotos. Lleve su calendario litúrgico, aprenda a leer la montaña, compre comida y dé limosna. Se me cae el pañuelo, mi letra mejora. Soy una especie de maquina con una lapicerita, tengo que canjear mi abrazo, no lo puedo olvidar. Papel picado, hoy cantamos solos, niño con capucha, relieve, serpientes, pesebres bendecidos como panes recién horneados, estatuillas glorificadas. El padre lleva estatuillas, el niño un perro. Mi pañuelo parece una bufanda, todos se besan dos veces y se fotografían con flash. Papel picado. Repito: describir. Oración de los enfermos: Nadie narra por mí ahora. Ceremonia litúrgica, té de canela. Esta es mi iglesia, tiene mi nombre, recién lo noto. Hay un espejo en la esquina. Ahí van dos enamorados, y en la esquina se estrellan contra el mundo. Ahí van dos niños, con sombreros raros, ajenos a los dibujos. Los tres portazos. Los diez mandamientos.

172

Despacio y error.
Silencio capital después de la lluvia.
Un pañuelo en la cabeza.
Llevo a andas una guitarra sin una cuerda.
Tengo dioses y semidioses que descargan sus tormentas.
Tengo dioses y semidioses que descansan en sus tormentas.
Hambre. Rosas. Lluvia tormenta.
Pájaros de lluvia, existen para las nubes.
Llevo los amores de aquellos dioses.
Una bitácora de los enamoramientos de todos los semidioses.
Seis silencios.
Mis palabras deben carecer de sentido.
Es una especulación o un deber.

Decanta

Tormenta en el pueblo, viene el polvo, como en la ciudad pero acá.
No reconozco tus estrellas. Constelación, constelación, constelación.

Voy a dormir en el desasosiego de unos brazos ajenos. Mis caballos esperan afuera, las gallinas en el pórtico están inquietas y esta no es una noche de revelaciones: Es una noche de constelaciones indescifrables, que se me cuelan por las lineas imaginarias de figuras que si las dibujáramos, que si las dibujáramos, que si las dibujáramos.

Quiero llegar a la comodidad de un llanto, para que florezca la piel de nuestros silencios cómodos. Cantidad de deseos para la noche anterior, y no planeo despertarme ni dormirme pronto. Ni un cuerpo descansa en la mañana y las nubes no pueden decantar en mí.

La tormenta trae un montón de ruidos rubios, cigarrillos fugaces. Nube: mis melodías sublimes.

Escena de charla en el pórtico 1

He venido a buscarte. Soy el resto del tiempo, la canción del verano. Querida, dejame pasar, me falta un zapato, creo que está en tu cocina. He atravesado el desierto, cansado de beber. Vivimos en la misma ciudad y en la misma época, eso no puede ser casualidad, si no, hubiese nacido en Lisboa, como Pessoa, o en Dinamarca, como el joven monarca. No se hacer rimas, pero puedo cocinar algunas cosas, algunas tartas, algunas verduras, algún asado. Sé mirar muy bien por la ventana. Ponete estos auriculares. ¿Que tal? ¿Cómo te llamás?
¿Yo? No, yo no, yo estoy hecho de cine y cartón, no existo, gracias.

Una cartulina con un retrato

La idea del futuro.
Este atardecernos en mis calles de suburbios.

Guitarra, vos rasgueá tranquila,
acá llueve ligero; y el cielo puede seguir siendo apacible.
Lluvia que golpea los enormes animales que decoran nuestro jardín inundado. Aires de oriental, tiene aires de oriental. La lluvia se junta en los frascos en que nadan plantas.
Yo nado en el circulo virtuoso de tus abrazos.
Guitarra, vos rasgueá tranquila.

Existe una galería donde resuena tu voz, una galería pequeña que se deshace en lamiales y hortensias.
Sueño con una noche de fiesta: el pasillo mojado, los banderines pendiendo, el fuego ligero, el pozo lleno, el aire travieso, el campo a través. Describir las nubes sería desarmarlas. Llevo una estampita de una luna, y la clavo con una chinche en una pared clara.
De vez en cuando me muevo en lineas rectas.

Un poema sobre las golondrinas. No estoy seguro de reconocer una golondrina. Tuve muchas revelaciones juntas. Quizás me aplasté. Tengo miedo de olvidarme todo. Un poema sobre un gato, un poema sobre un animal oscuro. Un poema sobre tu pecho y la confianza plena. Nunca me plegué, nunca acompasé mi retumbar como de casualidad me sucede con tus gestos. Yo pienso en la lluvia, en que no existen los números, y me divierte la idea del futuro.
Cuando no alcanzan las palabras, más vale callar, o decirlas todas juntas. Tus canciones.
El vapor nos precede, la tierra no se inquieta cuando entierro mis manos. Lijé una mesa. Dejé un libro por la mitad. Antes de dormir un poco, voy a recordar los fragmentos de una película. Las experiencias propias e íntimamente universales. El sentido de las coincidencias.
Guitarra, rasgueá tranquila. Hacelo por favor. Por los silencios inmunes. Por los caídos en la guerra de los susurros. Y vos cantá, cantá; que las canciones tienen más respuestas que las oraciones. Yo ya escribí un poco, no voy a dormir más. Me quedo adivinando tu perfume. Intentando saber en que idioma están tus versos. La lluvia. El jardín. La piel. La noche perpetua.

168

Las paredes de mi ciudad, están llenas de ornamentos.
Recargadas hermosas e inservibles.

Construí una balsa catastrófica, precaria por definición.
Esperando clientes en mi puesto de flores, el mundo se volvió negro de tanto beber.
Yo aguardo donde las guirnaldas se curvan, para atarse en unos sauces. Quiero que conozcan la ciudad que inventé, poco me importa,  quiero tentar, quitarme los museos los poros.

En mi puesto de flores que abre hasta la madrugada.

tormenta

Un tordo teme a la noche
como la noche va a temer al fuego;
no es que no sepa llamar, no es que no sepa mirar.

Llegar lleguè. Quebrar el cielo: lo voy a guardar ya mismo.
Las cosas siguen en la radio,
son cuatro, cinco, dos tres cosas las del desertor.
Siempre está la idea:

No era mas lo mismo, mas no era este lugar.


Alumbrar el tiempo,

una brisa azul,

las nubes quieren ser,
una manta azul,

mas el lago oscurece siempre igual.


Estoy practicando, la caída en paradigmas.

   Hoy nos dieron a elegir la banda sonora de nuestro verano, en una especie de intervalo místico que se abrió entre dos árboles de un parque atiborrado de la gente de los feriados.
  Olvidar todo, recordar todo. Las piernas sobre las paredes amarillas. ¿Hacia donde caminamos?, cuando nos estamos despertando, cuna de paredes naranjas.
   Hay algo que perdí, en mi habitación antigua, cuando un cuerpo que ya no reconozco se fundió en la acuarela de una luna vaporosa, y no supo despertarse a tiempo para besarme.
   No se nota, pero nunca hablo de mí. Cantidad. Cantidad. Cantidad. Constante; revelaciones, conclusiones. Cantidad, mi cuerpo estalla en mil patios: Viernes, llevanos a lo más profundo de tus nubes.
Buscar las imágenes
dejar tu cámara filmando
en una bolsa con un agujero
que lleva un niño en un colectivo
que siquiera sabe qué lleva en la bolsa.
   Y una terraza nos inspiró, a callarnos como callan los pájaros, y a callarnos como callan los cantores. Cantores de nuestras copas, de nuestras cosas y nuestras casas que hoy nos dieron a elegir la banda sonora
de nuestro verano


primer día de septiembre

Parpadea el cielo.
Imagino qué suena en cada auricular,
y en la terminal de ómnibus,
soy el cantautor oficial de esta madrugada

164

La cabeza descansa en el durmiente.
Afuera, todo está tan rosa por el frío que hasta desearía extrañarte.
Dos chicos tientan la posibilidad de conmoverse consultando un recuerdo mutuo de latas y vías infantiles. Lo disipan rápido, y pierden la vista en el alambrado.
El durmiente transpira bosque y se entiende hermoso; tronco; luminoso; permeable. Ciudad.

Temporada de silencios cómodos. Visito tu casa.
Gauguin me cuenta sobre unas islas, en mi asiento de al lado de la ventanilla.
Un vestido de los colores de un arbusto me distrae.
Tomo nota sobre la materia:
Este adormecerse del viajar por una ruta recta en el campo abierto, que solo nos deja un par de álamos, los perros negros.

Tarareamos una canción en otro idioma
Gauguin se sorprende seguido, y cree encontrar resoluciones.

Afuera hace tanto frío que no pienso nada dos veces.

desierto y envoltura

Arqueología de los subsuelos,
hay quienes investigan con luz artificial todo el hamacarse del mundo.

En la avenida se abre la pampa;
hay quinientas personas que cruzan un semáforo
y yo me las imagino una arriba de la otra
en una pilita enorme:
que divise las montañas verdaderas, mas allá de esta llanura de transpiración y delicadeza.


de transpiración y delicadeza.


llegará

la calandria que precede a la tormenta.
esta noche, todos dormiremos en casas ajenas.

161

Verte recortada, en un pequeño fragmento, y no saber de vos nada más que eso,
ver tus ojos que todo el tiempo parecieran recién acabar de llorar; aún cuando bajás de esa plataforma imaginaria, de ese pseudo telón que nos inventamos para seguir encendidos y con los labios pintados todo el tiempo que podamos: para adelantar esa mirada que se nos queda atrás de la mirada, empujando.

160

Los árboles guardan el calor del día.
El momento; cuando el río tiene el mismo color quel cielo, se engañan los sentidos,
me siento uno con el paisaje, que (al igual que mi) no sabe diferenciarse.

para el mar será normal.

Los aeropuertos tienen una idea interesante,
una idea de despedidas, que los envuelven como un aura.
los aeropuertos, los aviones, las ciudades,
construidos para los intermedios, buscando historias.

Sentados frente a frente, mar rosa;
una bolla sobre el río. el querer.
El quererse en un avión, en un aeropuerto, el quererse saludar, el quererse besar, elamar, el correr con todo el cuerpo. Cuerpo querido, despierta de tu siesta, de tu légamo callado de intermitencia, que hay un montón de gente, que hizo un montón de cosas, de aviones, de aeropuertos, para que vos las habites.

Naturaleza humana, la del saludo, la del baile

WG

Poeta exiliado,
el que moldea una lengua que no conoce,
el lector que escribe.

Con un (argentinos siempre)
séquito de entusiastas.

Intenten escapar, de toda esta literatura.

Prometeos prometedores.
El río de la plata. Policía marítima.

A venida

Dejar la ventana abierta, las luces de la pieza apagadas y la ciudad prendida, entrando fuerte.
Un deseo de lluvia, un anhelo de verano.

Terminaron el edificio que está al lado de tu casa.

Mirar hacia la calle: Media luna bordea su garganta, camina por entre los perros, y enrosca su oreja con sus manos. Hay quienes erosionan canciones con sus guitarras. Los hay que miran películas todo el día, y estamos también
los que deseamos.

157

tu piel, tan liviana.
si esta ciudad tuviera pájaros, deberían sonar a esta hora.

(el artista)

Pequeño mundo, yo te regalo mis traducciones.
En mi escritorio de caoba antigua, en mi lámpara amarillenta, en mi estudio de artificios: Te traiciono un poco, mundo. Y le devuelvo a tu inmensidad, una extraña traducción, de un extraño idioma; que no me pertenece, siquiera en el momento en que escribo.

No tengo ideas; sólo un sistema. De reciclaje intimo.

De beso con tu inabarcable presencia.

155

Tu cuerpo tradujo lo que tus palabras pensaron antes. Yo me voy evaporando por entre los dedos. Tapo mis oídos, y escucho todo muy por debajo del agua. Nuestra comodidad, no fué casualidad. Me puedo levantar sin problemas. Esta noche, es una noche de revelaciones, no se duerme, estoy despierto y moviéndome. La revolución creadora. La materia y el futuro. Tu polera y mis sàbanas. Este invierno con dos bufandas; todo el tiempo del mundo; todo el invierno del mundo. Hoy me despierto sin sueño, y preparo un desayuno para dos. Leo para otros, nunca para mí. Anoche te fuiste, por un camino abstracto, revolcándote de helado. Anoche te fuiste, camino a la enfermedad, olvidándome. Cantándome, no estés triste, vos no estés.

(el beso)

tardé tres veces en.
y nos despedimos con el mas hermoso de.
profundo rosa rojo negro de abrazo
levemente enfermo, apresurado y muy lento;

si vinieras conmigo, si vieras hoy la luna conmigo, si supieras lo que pienso de la luna, si supieras lo que pienso de las pinturas, y si nos fuéramos juntos por los esteros amplios de nuestro país. Ah.

te nombro difusa,
a ver si te aparecés;

me duele el hombro izquierdo,
y se me están desarmando los meñiques.
solo eso.

reflexiono sobre el mar:

Sucede,
que el fondo de tus ojos
está muy lejos;

y una vez,
nos miramos tan profundo
que casi te acaricio.

152

salí a tiempo, para ver levantarse un ejercito de bolsas de nylon ir en contramano por la avenida
y asustar a una vecina que en su ventana creyó ver un pequeño espectro.

desde el río viene una tormenta.
se derrumbó el paredón.
tengan cerca los paraguas, quizàs nos hace olvidar de la superposición.

viene una tormenta,
un desastre académico.

Noche de verano de Junio

La mañana de la mañana.
El río de tu río.
El silencio del silencio.
Los nombres propios:

Claude Monet tienta su fortuna con un destino de flores;
La avenida Lacroze está cerrada al tránsito, y me hace acordar a cuando hacían la ciudad, cuando preparaban los carnavales, y tomábamos cervezas. Un gato se asusta de los taladros. Compramos un kilo de membrillos, e hicimos dulce.

Hicimos un kilo de dulce de membrillo.
Yo no creo en la historia, creo fuera de ella

150

La forma de una planta vuelta luna que sobrevive al día.
Espinas que yendo-me
recuerdan en el ardor de la piel, un silencio húmedo.
Si yo tuviera que ver, elegiría tus flores.
Si me obligaran a ver,
entrecerraría los oídos;
elegiría tus macetas.
Piel de terracota;
alba que ilumina los hornos de ladrillos.
Los horneros que madrugan.
Légamo callado,
de la noche de búhos que mendigan hogar.
Barro húmedo, del que nacen plantas, rodillas, espinas brazos, que respiran
que recuerdan, que sonríen

La luna abraza toda maceta ajena,

toda maceta propia,

149



Entonces no me agarras las manos, no las vas a  agarrar, quizás es mejor descansar, seguir juntando flores, es que hay que formar un ramo muy grande, canciones hermosas, que suerte que hermosas va con hache, la hache parece que no suena, pero esta ahí, latente, insoportable, perfecta. Regalas amor. Les regalas amor. Besos. Buscaremos mas momentos los vamos a guardar, sacarlos todos juntos y limpiarlos con cuidado, regálame algunos tiempos, sonrisas, manos, abrazos, cielos, poemas. cientos de poemas y ni una  palabra.  Vendrás con una sonrisa, vamos a cantar y a mirar el cielo, no vamos a decir nada, porque ya está todo dicho, todo. Acaso hay algo nuevo, frambuesa, brisa, palabras repetidas, vaciadas de forma, vaciadas de con te nido. Tu nido. Anido en tus brazos porque me gusta apoyarme en tu pecho y dormir como un hipnotizado, olvidarme que tengo que hablarme a mi todo el tiempo, y pensar en pensar en pensar. Que batalla insoportable. Y no podemos juntar flores, porque en esta ciudad no hay flores, pero yo estoy acá, tengo un techo que se abre, dos parlantes y un par de plantas aromáticas. No sé que mas puedo hacer; tengo todo el piso sucio y la cabeza un poco más. La forma es algo que inventamos nosotros, lo natural no forma, no deforma, nosotros deformamos y remixamos, y desechamos, guardamos en cajas; lo natural lo inasible lo sublime lo por eso mismo eterno amoral y atemporal. Callar. En las raíces de un árbol que detiene el tiempo nosotros tenemos dos cafés en unos vasitos descartables apoyados en un hueco del tronco. Invierno tan profundo. Invierno de bufandas hasta en los pies. siempre llega. y siempre todo puede ser mas frio. más oscuro. más terrible. más hermoso, siempre podemos ser más hermosos.  qué suerte que hermosos va con hache. qué suerte que te guardo en mi como una hache cuando no estás acá. Silenciosa presencia palpable. te beso en cada almuerzo. A ver si me entienden. Acá estoy, buscando un lenguaje de los bordes, unas palabras sin sílabas. O una puntuación sin espacios. 

148

cada apostol es un animal
cada virgen tiene su ropa

147

Sueños de mañana.
Cura de mis dedos.

Doblemente feriado
nublado de las sábanas
aislados

146

1.
Sortear la ciudad, en la hora en que te vas a dormir, como un camión que reparte diarios, veloz, antepuesto al día. ¿Quedará alguien despierto mas acá del viento?

2.
La noche floral, del patio que rodea la casona, noche mítica, alejada del barullo urbano. Distorsiones en los ruidos, distorsiones en los espacios. Flores entrecortadas. Hermanos nuevos.

3.
Soñé que mi colectivo había seguido hasta las afueras. Me desperté en un campo donde seguía lloviendo. La tarde ya entrada, las casas de los suburbios. Tenía hambre. Extrañaba a alguien.
No sabía donde estaba.
Empecé a tararear alguna canción conocida. A moldear con las manos los objetos cotidianos. Adivinar la calle principal y bajarse del colectivo. Se sienta en la plaza, abajo de un árbol que bebe la mayor parte de la lluvia.
Es otro.

flotante

un capricho de vapor, rodea la luna llena,
hechicera y repleta, de canciones y cuentos,
imponente en sus caricias de su ciclo sin rutina, de su latir mes a mes.

un capricho del vapor, de mi té de medianoche,
se convierte en el calor de tu beso, el chocolate de bienvenida
a este sencillo pasillo de luz de cuentos.

y un antojo del azar y la anticonsecuencia,
de esta causalidad perfecta y tan oblicua:
tu vestido rojo que me acaricia con tus ojos,
mis dedos que te miran con mis besos, envuelta de luna, satélite de canela.

Crónica

El viento se filtra entre las calles de la ciudad vieja que habito. hay un bar que parece que hoy espera gente: vivo en una ciudad enorme, llena de islas y estados. Fosforecen algunos balcones, y conozco algunas de esas historias; las que se repiten, y las novedosas. Silencios inmunes, pasan de largo como colectivos nocturnos, bares anónimos se superponen y conviven sencillos con revestidos. Vivo en una ciudad donde nos celamos todo el tiempo, con gente en las veredas y basura en las calles. Películas en las piezas alquiladas, y cervezas en los rincones con árboles. me muevo desabrigado por este otoño que parece no ser, e interrogo las luces de cada pieza. La tormenta se anuncia, el viento se filtra entre las calles de la ciudad vieja que habito. De vez en cuando nos acordamos del río. Pedaleamos hasta el pastizal ahora seco, nos morimos de amor y nos vemos obligados a resucitar para volver a narrar. Sin descanso.

143

Se hizo tan tarde, que mejor me voy a evitar

Nulidad


Las cosas nacen de la unión, del juntar, del completo más el completo. no me contento. con mitades; a destiempo. se necesitan dos, luego es mucho más, luego es silencio, uno y uno, cero.
no basta uno: con uno no hay mas que ruido y palabras.
de la únion: el descanso, el silencio.

141

Por los caidos en las guerras de bolillas de paraíso
Por el silencio de los escondites perfectos.

Una paloma despliega su ala, esperando que se seque;
Inaugurando el invierno,
el arroz con leche en el patio interno,
asumiendo una casa,
dándose el permiso de lustrar una mesa.
Con su ala desplegada.

140

No sé quien sos
Me saqué dos pesos de encima, en monedas
ayuda  condicional
libertad incondicional

No sé quien soy

Limón

   En el jardín circular, el limonero es el rey; y de él, crecen centrifugas, el resto de las especies. En el jardín circular no hay medianeras, las barreras no existen, y por ellas entra, noche por medio, un espectro animal. Atraviesa los alambres, salta débilmente los muros, y mantiene una linea recta: intenta llegar al centro. El cítrico, se mantiene inmutable. Implacable. Rebalsado de limones verdes, embalsamado de este viento de abril.

   Mientras, no-dormís en tu pieza, mirás por la ventana, inventás malabares con los lápices: siempre te costó volver al otoño. Aquel que canta al tiempo, pospone al espacio.
   Acomodás una lona sobre los pies, mirás por la ventana. Despacio, la noche siempre puede ser más oscura.
   En el jardín de abajo, al espectro lo detiene el retorcido tronco; no traspasa el polo. Desea ser un gorrión  para no resignar su recta. Quisiera acomodarse como un río, no tener forma de zorro lento, agazapado arbusto translúcido.

   Nunca te asustaron los zorros, flotan como idos, con sabor a despedida. Constante. Es que el otoño no comienza en un solo día.
  Espero ya no te desespere, no llegar nunca.
  No terminar los libros:
  ser la niña cantora de este solsticio espectral.

   -Cuando te decidas a abrigarte, voy a poder cruzar-
Te dice desde abajo, una voz marrón y translúcida, que se llama abril.

138

Ritual de cambio: el café que inaugura el invierno
mudas de ropa, globos negros.
Ritual de cambio: entrega del mar,
en invierno, la gente cocina más; o más rico.

Ritual del caos, creación del temporal. los temporales. 
¿Y los intemporales? ¿Acaso no fuimos nosotros?

Ritual de lo sencillo, entrega del mar. desapego profesional.
Ritual teatral; especulación invernal.

Rockola. Deseo

-Una lástima, me encantan los ensayos-
Hay una serpiente en una pantalla, yo espero a mi colectivo en la escuela municipal de boxeo, un enorme tinglado con unos baños y seis máquinas que se tragan las monedas. Hay dos grupos de sillas como si fuera a haber un espectáculo en algún momento, y mientras, sólo nos aturde la rockola y un borracho que patea las tragamonedas con un odio descordinado.
Afuera otra vez hace frío.

Me acerco a un costado y me siento al lado de alguien, creo que me va a hablar distinto y me sorprende con un perfecto castellano, le pregunto que escribe, me dice que sobre las ciudades, y los hogares; y que una  ciudad es una casa y una casa es una ciudad es una casa es una ciudad.
Me dice que cree que no existe, que no encontró ningún cartelito con su nombre, abajo, en el barullo de la estación, en las manos de los empleados ocasionales, que buscan viajeros ocasionales. Me dice que ya no va a viajar ocasionalmente, que viajar es una casa es viajar es una casa es viajar.

Afuera se nubla de nuevo.
Falta un vidrio en una de las ventanas; reparo en él mientras se silencia la charla.
Me acuerdo de una frase, estar con peso en los lugares de paso.
Me respaldo en la pared. Todo en el lugar se calla.
Despierto dos veces seguidas y sigo a su lado:
me lee algo que no existe, me dice que cree que élla no existe, porque nunca vió su nombre escrito en ningún lado, y yo la intento distraer: un nombre no es una casa no es un nombre no es una casa.
Nos reímos suave; sin embargo el borracho nos mira veloz, y torpe, patea el piso desacomodando dos sillas.

Alguien las acomoda.
Entran dos chicas; tienen puestos los trajes de baile típicos. La escuela de boxeo, es un salón de usos múltiples: en dos horas empieza el ensayo.
Nuestros boletos coinciden:
nos vamos antes, no llegamos a verlo le digo.
Una lástima, me encantan los ensayos.

Las máquinas cantan en orden aleatorio, esperan que alguien se decida por alguna canción.
Pienso muy silencioso, y capaz solo sueño:
Estaría bien viajar juntos, yo no me acuerdo mi nombre pero sé escribir, le digo. Ella me sonríe silenciosa (para que no nos descubran extranjeros, encontrándonos enormes en lugares intermedios, sin nombrarnos).

nocturna. marzo

Con media luna me basta, para ver entre las plantas; para que las hortencias me muestren un rincon, al que lo único que le queda es una ausencia enorme: un contrapiso de algún futuro sótano, de algúna pasada casa. Y con un cuarto de luna nos alcanza, para saber donde está la hamaca, y poder llorarnos lejos sin tener que tantear dioses en la oscuridad. Podemos prender las luces, la amarilla que espanta los mosquitos. Da lo mismo. Con las nubes me alcanza. Para descubrirte parada entre los libustros, acariciando las ramas pequeñas que dudan sobre ser hojas.

135

Relampaguea por detrás de una ventana verde, de nuestro edificio de fin de siglo.

El silencio de los inconcientes, no para, no recuerda.
¡Bienvenidos lectores; a la noche de la palabra obtusa, de la pintura obsoleta!

134


Cadáveres descalzos, enterrados de mañana en la tierra húmeda que se llovió por las flores.

Tumbas blancas, me cuesta respirar,
3000 besos sobre el nivel del mar.
Me sorprenden las flores de colores,
que crecen a tus pies,
tumbas negras.

las flores de tus muertos
las flores de tus nortes.

Las cúpulas de ladrillos, que se enroscan hacia el centro, centrípetas y centrifugas a la vez.


La torre de la iglesia, tiene un santo en cada esquina.
La religión, y la confianza plena,
la composición endeble.
el equilibrio precario.
el eslabón de lujo.

los decorados perpetuos.
(de las tumbas sobrias, sacras, muertas.)

comienzo

Es de noche, tenemos una luz que parpadea ligeramente.
Remarco una mancha en tu piel con una fibra turquesa, le descubro formas y le descubro vacíos.

Mezclamos los dedos, las uñas sensibles, entre ajíes disecados, los tomates frescos, el pasillo mojado; el viento. Va anocheciendo y voy lento, levemente inclinado pensando en Caetano, bailando un poco:

¿Cuanta agua se necesita para que funcione este río?
¿Cuanta agua se necesita para que funcionen tus ojos?
El bosque me sirve de escenario, inmenso color del universo, me señala lo particular, lo molecular.
Acaricio tu mancha de nacimiento, la decoro, y recaigo, como enfermo, en la intrínseca violencia del abrazo. Tu musculosa turquesa se pliega sobre las paredes de tu pieza, donde pudimos fotografiar, un enorme paisaje blanco, un caballo hermoso.
Me perdería lentamente mirando por la ventana: Tres perros que son el mismo duermen la siesta. Yo, despierto y pienso: que extraño es no extrañarte, cuando hace frío y estoy solo, cuando llueve, y vos tan lejos.
Olvidaste el libro, me dejaste, un camino reluciente, el patio central de un hotel, el silencio de todo un bosque.

me dejaste,
una marca de nacimiento.


supe (des)esperar

acampo, al pie de la montaña
acampo, al pie de tu ausencia

cóndores de la altura del olvido,
escribo sobre el tiempo perdido,
sobre los títeres que se mancharon,
y lo cósmico de desanudar ramas

131

selva, de vos solo conozco tus nubes. Ni tu fauna ni tu flora, ni tus no caminos impenetrables.
selva, con vos solo dormí una noche, los dos muy cerca y sin tocarnos en un colchón improvisado.
la noción del astro,la neblina sobre tu verde,
la piel y tu musculosa así.

baila, el noviazgo reciente, las amistades nuevas;
selva, la próxima vez que te vea,

130

al amparo del bosque, elimino el historial,
soplo mi memorial

Santiago, dios del rayo

Esteros incomprendidos por todos los viajantes,
que no necesitan de la luna llena para dejarse ver.
Depósito del silencio, 
viaducto de lo sencillo.

Hay un puente con el que sueñan montañas,
dos perros negros, y un tordo sobre la espalda de un caballo.

Soy, el que no cuida de las estrellas, 1, 2, 3, 4, 5,
entierro, destierro.

Santiago, recta ruta hacia el presente, que dejé intacto en otra ciudad.

127

Nos vamos a responder siempre, entre poesías.
todos mis dibujos hablan de vos, y nunca supe descifrarlos.

Llegada a la más profunda melodía de la intimidad:
La cercanía de la que no se vuelve,
y la lejanía que te permitirá florecer.
Sonreí, que si no ningún clavel va a nacer de tus brazos.

Adiós

126

Juguetean las B largas y las V cortas, atrás de una promesa de viento y sal.

Yerba mate de tu ausencia:
El exilio es para los griegos.
La hecatombe para las predicciones.

Una canción portátil, permanente inunda el paisaje enorme. Explanada de locura.
Música desgraciada. La cura. No griten más.

Silencio distrae oscuridad.
Promesas arrastran su cadáver.

Es esta, la calle más limpia, es esta, la temperatura ideal, yerbamate de tu ausencia.




No te gastes, recuerda la suciedad.
Amplifica el silencio,
alto-parlante de diciembre, infusión matinal.

Pirotecnia del alba, despertá de un solo ruido, todas las aves del lugar.
(La posibilidad
y la negación)
El camino rojo y
el malabarista.

La primera vez que vió una mariposa pensó que era un papel que no sabía planear.
Al silencio en latín: escaparle a la lectura. Académicos intrínsecos; balcones al albor de una angustia. Poesías inservibles, faena del tren de carga. Lo real, y los cruces entre lo abstracto, que no cesa de terminar.

Torre lunar, limonero que sin mariposas no es.
Susurro: Dejé tres orejas en el bosque, por las dudas.



angustia se desliza mientras baila su eternidad

I
Deseando que tengas puesto un perfume
que hable de épocas pasadas,
vestí un fantasma en un siniestro paisaje.

II
En una luna negativa habité frutos pasados

III
¡Astros confusos!
¡El silencio riéndose en un estanque,
no tiene el fondo significante de un aljibe!

IV
Señalad cual es el ataúd, del viejo Calderón:
vestido de humo.

V
tigre obero
camalote obero
veneno obero
(veneno antiguo)
Shakespeare inundado
en un naufragio celeste

VI
En una luna negativa, el espectro comienza su danza.
La espesura del caballo no es si no un pliegue del mantel

VII
El palco de mi selva, me permite distanciar nubes así.

Frutos verdes, arboles por demás maduros
frutos que caen
frutos pasados
manzanas podridas, y el pasto seco.

de las malas intenciones
las malas elecciones
las malas plantas.

VIII
Y sucesivamente florecen, danzas perennes de fantasmas ruidosos.
¡Que prefieren los contrapuntos, al dibujo anatómico de los ligustros!

Tengo un techo que se abre:

Y dos golondrinas dibujadas en mis piernas: tatuado el silencio de los films nuevos.
Traigo zapatos a estrenar y angustias arcaicas.
Viajo por la necesidad del gusto. Y en el baile desenfrenado de la contradicción suprema, aspiro a lo horizontal.

Impaciente por no llegar.

el patio, los baldosones antiguos, el sillòn de hierro y los almohadones nuevos

El barro hasta las rodillas, mientras pedaleamos de celeste, de marrón;  perdiendo algunas de las flores que ganamos, enganchadas en las ruedas, enredadas en los cordones de los zapatos ayer rojos.
Te distinguí, clara y distinta.
Revolviendo mi estantería supuse que tus libros estarían ordenados. coincidimos algunos títulos:

El sueño nunca compartido de una casa en el delta, de un pozo mágico.

Yo sé que tenes veinticinco frutales, y que te sobran los mirlos. no hay que perder el tiempo, engañándonos con el patio seco, el cenicero oscuro.
no niegues la puerta del costado;  podríamos tardar muchísimo menos; y todo porque se vuelven confusas las sombras de la parra, por temerle al tigre-antiguedad.

Allá atrás del tubo hay un bosque.
no vamos a hablar más de la naturaleza.

nos vamos a internar.
en el metafísico ministerio del interior.
en la milicia de la contemplación.
llenaremos de amenazas al cemento.
desde los procesos internos,
desde los órganos intermedios,
de los ruidos íntimos del estar incómodos.
el latir de tu piel, apoyada sobre la hamaca paraguaya,
el latir de tu vestido sobre mi mano.
la militancia de los tejidos hacia el entramado de tu voz.
dar una batalla contra el estado de angustia.

apagar la luz por los insectos.

siento 22

lloverse, entre el índice y el pulgar,
entre las cuerdas del montón.
desplegarse desde la cintura,
hasta las macetas de colores, hasta las plantas de estación
hasta el viento que solo se siente en las grandes avenidas.

sírvete del diccionario

Maqueta del pasillo del pasado,
atiénete a proteger, casas de un color anterior.
Divina superstición, ley apócrifa:
guía nuestro río hasta el inicio del vapor.
Rey ácrata de esta lancha ruidosa:
silva todas las melodías que sepas, atiénete a amar

120

lo incondicional
lo inmortal
lo real
lo mortal
lo endeble
lo

119

hay un nido volteado por el alba
donde las ramitas todavía se agarran

donde los pájaros huelen a noche.

fórmula

y en la oscuridad de un brazo cruzado,
regué las raíces de un cerezo.
Mientras descifraba el entramado de la bufanda exiliada,
Mientras descifraba el patrón, de las flores de tu pollera larga y oscura.


y en la caricia de una pierna silente,
hice un corte profundo con mi canto.
Para no temerle más a la belleza, y no quedar impune.
Para no acallar más paisajes, y no cambiar los aromas.


y en la intimidad de un recital de uñas,
pinté de un blanco impoluto,
sin recordar la cadencia de la hamaca veraniega,
sin recordar el peligro del balcón, el olor de la cena sobre la terraza,


y en el tumúlto;

117

Cayó la noche,
cuando se quedó sin palabras

116

susurrá mis silencios azules
de esteros incomprendidos,
de mapas obsoletos.

prendé fuego los laureles de hoy
para que mañana queden:
ramas negras y fosforescentes
que mitiguen de una vez,
esta esperanza endeble

Zamudio

Mirá la fuerza que tiene el este; como anteponemos los árboles al camino,
como silenciamos a los animales, y realizamos injertos de plantas nuevas.
quise mantener la calma, pero no contuve el conocerte. nos internamos en un tren que pasa cerca y nunca tomamos. Pedaleo constante hacia un segundo de.
Las risas, la estación vieja, el hombre y el perro que por poco no encontramos, arreglaron tu bicicleta. Escribir apropósito. la noche repentina. el reloj de la estación, emparentado con el caballo blanco del camino. el camino de atrás, por donde se da a la ruta más rápido.
El caballo silencioso,
cree bendecir sin conocer ningún dios. el reloj nos mira por el rabillo del segundero. le damos la espalda, alimentamos a algún animal. llevamos un mate ajeno. se avecina un búho. se escucha la noche. las luces improvisadas, el pedalear fuerte. el último tren. las estaciones se abalanchan sobre las vías, en el piso acariciamos un momento.
yo te hubiese seguido.
así.
Sin darse cuenta esto es un recuerdo. El pasado, es hoy una luna lenta.

des marisma

En la misma mano sonará la melodía.

Quedando suspendida, a distancia tímida,
sobre el tinglado. sobre el teclado del delta.

Entre las cañas, las semicorcheas y la humareda.
Una fiebre de espaldas
murmura el silencio, de la flor autóctona.
murmura el espacio, entre el ardor y el helecho.

y el dolor pesado, del desprecio por lo llano
en este acorde abismal, espeso como el fangal
ajeno como el tremedal.
Sobre el tinglado; un agasajo de manos anónimas,
húmedas siempre, nuestras hoy

Luna.Guitara negra.113

yo había tomado un ómnibus hacia allá.
la noche, será permanente en tu alegría. la humedad del río, mi casa, el barrio cercado por tu liviandad. un muro de permisos.
los perros siempre ajenos, el mundo de bruces, costillas,
atónito esplendoroso, arriba, tonelada incomprensible, profundo y sostenido, lana de colores,  la sangre derramada en vano de los animales abajo de la mesa, haciendo sacrificios sin sentido, para el bienestar de los desconocidos. llevala llevame. la guitarra. la sangre.

la noche entera entre la ropa colgada, un cincel entre las telas recién lavadas, el tiempor venir. el temporal inocente, solo hoy. el olor de la lluvia, la nariz contenta, las partes mas antiguas. dice que el oído, el primer órgano, tu oído se choca con el mio, y se acarician. llamá al sótano, decile que estamos en la terraza, que es de noche, y muy de noche, y una pelusa blanca parece que flota entre las remeras.

nos podemos ir de todos. arroyos. nostalgia. hendida. hundida. ahogarse en la simple dilación. menguante. sobre el tiempo que dura ese descenso. menguante, creciente. tu cuarto, enorme, limpio, frutal.
detrás del camino, se puede ver el pueblo. el violeta, los rosas, los naranjas y el amarillo.
fuegos bordados. la rivera donde un olor a flores frías. la persiana donde una cortina regalada. el bulevar, la escultura, donde a la vez estamos.
me dijiste tenemos, el poder de.
podemos esperarnos por el resto de
nuestros pasados.
constante continuo persistente.
cuando personalmente saltando,
mas acá de la cocina.
cuando se mira de frente. amoroso verde ceniciento. poesía para el viento.
te tapo los ojos, te tapo la pierna que te había quedado afuera, y te rozo antes de contar hasta cien. mas allá del canto.  la lluvia me llora mientras espero el colectivo. mas allá del terraplén, y de la novela.
¡Buenas noches silencios luminosos!

112

nada mas arbitrario que un nombre.
para extrañar.
te descubro.
te encuentro y apenas tuve que correr.
soy un lapso.
no te pido que me lleves.
no te pido
que me cures.
no te miro bailar,
deseo que dejes de.
y quiero dejar de.
me tiembla lo que pasó.
me angustia lo que no es.
y no bailo porque no sé.
lloro por un beso,
y por tu cuello contra mi cuello.
permanecerse.
permanecernos.
amarte; sin lugar a dudas.
las plantas. el cuaderno de notas.
todo es tan ajeno.
no, no te pido, no te extraño.
acá te quiero y me quedo escuchando como suenan estas letras o noletras que reverberan desastre, incomprensión y desatarse. descaro y asumirse. verguenza y tu sonrisa.

111: niveles de realidad

Un ruido de otro tiempo, que interrumpe el dormir a mitad del invierno, y no cansada, pero con el sueño a medio terminar, resolución, nudo y vuelta a empezar. Autómata en el silencio del último rato de noche, tropieza con los restos de un bosque anacrónico. y sin meteorología posible,  nada al borde de un pueblo esperando que abra la tienda; esperando a la temporada de vestidos.
Cruza la habitación, prende la estufa, le teme al encendedor.

El olvido, o Tus botas rojas

Acaricio a tu gato mientras no te das cuenta que estoy.
Entro por la ventana, y ni pienso en ir a buscarte.
Flotante. Mudándote constante. Intentaré mantenerme al margen y no derramar tinta a tus costados

Mientras tanto, claro, me quedo adentro. Es julio, y afuera la tormenta calló en forma de una neblina brutal que golpea y esconde los monumentos de la ciudad vieja.
Los antimonumentos que pueden llegar a hablar de nosotros. 
Las explanadas que se eternizan verticales en el vapor frío,
y las plantas con espinas, traídas de la plaza de un pueblo porque tenían su propio temporal.

Admiro tu hamaca mientras dormís, vaya uno a saber dónde.
Me doy permiso para extrañar; me doy el lujo de olvidarte. Te doy silencio, que es lo más grande que tengo.
Y salgo a la llovizna, a mi caminata constante y ligera, a mi noche sin pedestales llena de luces que parpadean.

109

tus medias turquesas,
tus labios abstractos.
Predecir cuándo te voy a encontrar,
pero no poder saber cuándo te vas a perder.

108 (Pisar con cuidado, no tocar nunca el polo y seguir girando)


Entre el álamo y la corteza caída,
una línea imaginaria que guía a los marineros.

Viento bipolar, llevános a lo más profundo del tronco.
Somos la resina del meridiano,
que aglutina el deseo de permanecer.

(La rama interna, el año cero, lo más lúcido del círculo)
Lo más lúdico de la estrella guía. En altamar,
apartando las ramas, levantando la corteza
para hacer el fuego.

Soñar con dormir


Deberías conocer mi casa, mis dos impermeables sucios. Para que veas cómo te extraña, sin que hayas venido a verla nunca.
Un deseo de año nuevo, reiterado para vos: mil veces.
Y una extrañeza. De malvones callejeros, y de calles congeladas. Que hielan las festividades, las comidas patrias. Y una extrañeza de teatros sin telón. De apogeo del silencio. De parpadeo constante. Y una extrañeza, de felicidad sin comisuras. Sin movimiento.
Cada uno allá.
Aprendí a usar las mayúsculas, sí. Y la palabra cariño también.

Cariño:

permanecer constante y bailante


para asfixiar mis nubes
me olvidaré de tu peinado.
los músculos no deben saber lo que ha ocurrido.