Preservar el otoño en un sonido largo y pegado a nuestros oídos. Bailar cerquita, nuestros auriculares, descoordinados. no hay que enroscar, no hay que acomodar, no hay que.
Hay un cartel, en la parte de atrás del mostrador de un comedor que nos gustaría a ambos, que sentencia:
Todo discurso naufraga. Lo natural no tiene máximas.
Hay un insecto cerca de tus pies, que no para de susurrar, sobre la mentira y verdad.
será que nos cuesta.
En un comedor que nos hubiese gustado a ambos, descoordinado con su época, y con un escenario que es menos. Ahí, bailar cercanos.
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