egoista

Después de diez días, el hombre volvió en forma de perro; y se quedó sentado al borde de la cama, mirándola con la cabeza de costado mientras ella dormía. Ella se levantó y lo acarició. Le gustaba esa costumbre tan contemplativa de los perros.
El hombre también la acarició y todo se tornó muy alegre. (Él, deseaba hace mucho tiempo poder acariciarla y poder dejarse acariciar por ella)

A los cinco días de esto; èl, otra vez en dos patas, y con una remera blanca, la vió desde la otra punta mientras ella caminaba por la calle hacia su casa; y no pudo llamarla, ni acercarse, y mucho menos acariciarla o dejarse acariciar por ella.
Ella siguió caminando, y después de cuatro cuadras, se paró a acariciar un perro, que la venía mirando llegar.

Él, a una cuadra de distancia, la vió acariciar el perro y se sintió extremadamente celoso.
Ella, pensaba en cuanto le gustaba esa actitud contemplativa tan perruna.
Y el perro, por su parte, que no había estado deseando que ella lo acaricie, ni mucho menos, se puso alegre de golpe gracias a su mano; y se le ocurrió que si aparecía en forma de hombre, podría ser acariciado, podría acariciarla, y hasta podría desearla.

A los diez días, el perro apareció en forma de hombre, pero perdió esa mirada que tanto le atraía a ella, y por más que el la saludó muy educadamente con su castellano a estrenar, ella no se detuvo a mirarlo siquiera.

Esa noche, el hombre volvió a aparecer en forma de perro, y volvió a sentarse al borde de la cama.
Ella lo volvió a acariciar; pero parece que esto no se va a acabar más.

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