que suerte, que suerte que no tenés perros, dijo la vecina el otro día

Las enredaderas se empujaron entre ellas, y se encimaron los ciruelos.
Me quedo mirando el rio permanente en el que se convirtió tu jardín.

1 comentario:

Penny dijo...

deje de robar hace rato ya.
ahora el arito va a tener frío.
por suerte existe la irrealidad...