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Salía a la terraza. Hoy había más estrellas que los demás días. Había una luna que ilumina muy bien, y  un poco de humedad que hace que tenga una aureola y que afuera esté fresco pero a la vez caluroso y pegajoso, y ahora estaba solo y sin ningún brazo que abrazar, valga la caricia, es decir la redundancia.

A unas cuadras de mi casa, había una higuera donde dice el cuento que suele aparecer el diablo. Cada vez que paso me acuerdo de eso. Más acá, había mil hijos de la higuera en el fondo de mi casa que no se pueden trasplantar porque se mueren en otra tierra que no es la que los vió crecer. Pensar un rato;
Tener que regar las plantas y hacerse cargo de quererlas. Que te quiera regalar una planta y vos no la quieras. Que me quieras y no saber si te quiero. Ahí comenzaba a llorar.

Sugiero una tormenta, callado y estúpido; haciendo todo lo que no sé
Sugiero una tormenta. De costado y débil, y ahora la mastico y me interno.

partidario del desenfoque.
aliado de.

Como entra el sol, y como las enredaderas no quieren pegarse a la reja de mi ventanta. Como entra el sol en verano y en invierno no pasa. Deseo que llueva y no me hace caso.
Conozco alguien que detesta dormir.
Debe haber sido el mismo día. Se había muerto la enredadera que cubría el frente de mi casa. La arranqué así nomás. Después tendré que arreglar la grieta de la pared, pintar, lijar. Mirar.

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