comienzo

Es de noche, tenemos una luz que parpadea ligeramente.
Remarco una mancha en tu piel con una fibra turquesa, le descubro formas y le descubro vacíos.

Mezclamos los dedos, las uñas sensibles, entre ajíes disecados, los tomates frescos, el pasillo mojado; el viento. Va anocheciendo y voy lento, levemente inclinado pensando en Caetano, bailando un poco:

¿Cuanta agua se necesita para que funcione este río?
¿Cuanta agua se necesita para que funcionen tus ojos?
El bosque me sirve de escenario, inmenso color del universo, me señala lo particular, lo molecular.
Acaricio tu mancha de nacimiento, la decoro, y recaigo, como enfermo, en la intrínseca violencia del abrazo. Tu musculosa turquesa se pliega sobre las paredes de tu pieza, donde pudimos fotografiar, un enorme paisaje blanco, un caballo hermoso.
Me perdería lentamente mirando por la ventana: Tres perros que son el mismo duermen la siesta. Yo, despierto y pienso: que extraño es no extrañarte, cuando hace frío y estoy solo, cuando llueve, y vos tan lejos.
Olvidaste el libro, me dejaste, un camino reluciente, el patio central de un hotel, el silencio de todo un bosque.

me dejaste,
una marca de nacimiento.