han de ser

El sentido oculto de las coincidencias. Tomando notas. No se si solo mirar o conseguirme una cámara y fotografiarlo todo. Camino por adentro del tren y veo gente recién bañada, imagino la fiesta a la que van y en la calle huelo algunas celebraciones. Puedo recordar y predecir el futuro, intuyo un olor a fin del verano y una promesa constante, esa es nuestra ciudad, una promesa constante que nos envuelve con su aura de piso trece. Y yo quisiera que las calles lo fueran todo, y darle un apretón de manos a cada uno de los que mantienen esos balcones. Y una ciudad es una casa, y me pregunto que hacemos mientras no ensayamos, en esos intermedios de realidad.
Análogo a los árboles, soy la vereda de baldosas flojas que inunda las medias viejas. Mi reino por un reino. Dueño de mi sismo. Balcón a la constante. Necesito ese movimiento y este cuaderno. Mi cuerpo florece en la promesa constante. Naturaleza humana, contradicción perfecta. Ese viento, patrón de mi cielo. Pantalla en espera. Debería ir al cine, ya lo estoy necesitando. El sentido del poema, que mis hombros bajen, escribir los deseos, una especie de hechizo, sombra y luz, tinta y misterio. Uñas pintadas y comida para más de uno. Acá. Sistema propio. Constante declaración de principios. Oraciones cortas. Constantes plegarias al poema. Soy cuando escribo. Los andenes vacíos son hermosos porque nadie puede verlos.