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Yo dibujo tu espalda que crece tranquila desde la silla, y vos te acomodás en tus pelos, que se sostienen entre las tiras de la remera. Solo conozco de verdad lo que alguna vez dibujé; y te disfrazo constante, para que no te reconozcas a vos misma, ni-acá ni-allá. El tronco de un árbol que mueve los brazos livianos, que se toma un brazo con la otra mano; tus uñas, así de verdes. Así de ellas. De vos, callada. Permanente.

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