Las paredes de mi ciudad, están llenas de ornamentos.
Recargadas hermosas e inservibles.
Construí una balsa catastrófica, precaria por definición.
Esperando clientes en mi puesto de flores, el mundo se volvió negro de tanto beber.
Yo aguardo donde las guirnaldas se curvan, para atarse en unos sauces. Quiero que conozcan la ciudad que inventé, poco me importa, quiero tentar, quitarme los museos los poros.
En mi puesto de flores que abre hasta la madrugada.
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