Se despejó. Pasa un borracho con la nariz partida y la cabeza llena de lluvia. Las cúpulas de las iglesias aparecen cada vez más naranjas. El resplandor Martes. Sube y baja. Hamaca. 16 angelitos. Santa Cecilia toda el arpa. Mi lapicera deja de funcionar adentro de la iglesia. Pido una prestada. Levantemos el corazón; lo tenemos levantado hacia el señor. Cuando salga, mi lapicera va a volver a escribir. Cada vez que entro a una iglesia, confío más en los seres humanos. Tu bóveda celeste, tus flores rojas, santo de madera. Velas y campanas. Mis exvotos para la virgen negra, y para la mujer que carraspea en medio del salmo. La madre tose en medio del sermón y no se si es algo parecido a un exorcismo. Alguien mira las velas y no entiende. La virgen de Copacabana debería ser la madre de todas las vírgenes. La virgen madre de las vírgenes. Hay otra virgen que fue tallada por un negro que pudo cargar un bebé o una cruz; por un ladrón que escribe a escondidas en la iglesia más importante, mientras la procesión lo empuja al piso. Velas de colores, velas de vidrio, velas de cera de miles de hombres. Hay un dios muerto, y esa escultura no tiene velas. Tallados los arrollitos de sangre, yace entre sábanas blancas un dios durmiendo la siesta. Escribo dentro de la iglesia y por mis ojos saben todas mis blasfemias. Virgen, te pusieron leds en la corona; virgen, te vistieron de blanco y no te dejaron desnuda, virgen, sexual. Soy de oro, soy ornamento, soy recoveco y simbología, me hicieron para ser pequeño, para apagar el incendio que se desprende de las velas que ardieron de más frente a san Judas Tadeo. Oración por los enfermos. Por mí nadie narra ahora. Salgo.
Afuera ella le saca una foto al convento de san Francisco. Una mujer lleva algo así como un turbante. Voy a pedir un abrazo. Niño vestido de conquistador entra a la iglesia a rezar. Se me cae el pañuelo, me empeora la letra. Soy símbolo y brazos. No llevo mi nombre bordado en la manga, no llevo mi nombre bordado en el pecho; sólo lo digo cuando me lo preguntan. Lo digo entero, conciso. La gente sale de la iglesia, ofrecen calendarios y mediciones del tiempo. Aún no pedí mi abrazo. Me gustaba la parte de la misa en que la gente se besaba. Iglesia, te pusieron leds en la ventana, iglesia, antes te pusieron ventanas. Nos dieron cámaras de fotos. Lleve su calendario litúrgico, aprenda a leer la montaña, compre comida y dé limosna. Se me cae el pañuelo, mi letra mejora. Soy una especie de maquina con una lapicerita, tengo que canjear mi abrazo, no lo puedo olvidar. Papel picado, hoy cantamos solos, niño con capucha, relieve, serpientes, pesebres bendecidos como panes recién horneados, estatuillas glorificadas. El padre lleva estatuillas, el niño un perro. Mi pañuelo parece una bufanda, todos se besan dos veces y se fotografían con flash. Papel picado. Repito: describir. Oración de los enfermos: Nadie narra por mí ahora. Ceremonia litúrgica, té de canela. Esta es mi iglesia, tiene mi nombre, recién lo noto. Hay un espejo en la esquina. Ahí van dos enamorados, y en la esquina se estrellan contra el mundo. Ahí van dos niños, con sombreros raros, ajenos a los dibujos. Los tres portazos. Los diez mandamientos.
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