el pedido de auxilio

armé un ejercito de pobres tipos, y la figurita de un santo de bordes dorados
y despegué, como de un cohete ruso, rumbo al pastizal que nos dejó el último amanecer.

valga la redundancia, lo olvidé todo.
río mojado, y yo de blanco, de puntas doradas, de puntas bordadas.
en la arena, dibujé un tambor con los pies,
y deseé más que nunca, una selva como las de Rousseau, deseé más que nunca.
y me aplasté.
a contraluz.
me aplasté, en una panza misteriosa y eterna
y los aviones de colores. y la lluvia silenciosa.
                            acariciando el último paisaje