Con la casa asì ordenada
deberìa comprar jazmines,
quebrar unas hojas de menta;
Y después se atò el pelo,
y pensò de nuevo,
comprar jazmines.
Por esos días andaba a los besos,
entraba un remolino de sol azul por las mañanas.
Habìa lavado las cortinas
y nunca las volviò a poner;
le gustaba la idea
de acompasar su despertar con el sol.
Como si fuera un gallo
pensò
y dijo en voz bajita:
parece que estoy rezando.
Como si fuera un gallo,
repitiò
como un rezo.
Y se riò en el pensamiento.
Y pensó en jazmines.
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