La enorme cantidad de posibilidades.
En este momento, mientras esa nube se disipa y deja pasar un rayo de sol, ahí, hay que empujar, correr el límite. Aprieta el cuerpo el poema. Expando mi cuerpo en el cuerpo del poema. Perfumo mis muñecas. Breve ensayo sobre el presente.
Hago sombras chinas. El viento está hermoso, el cielo está hermoso.
Le recé al tío Boonmee, me parezco un poco a él. Me siento cómo, en este misterio, en el momento que. Estoy un poco lejos de todo.
En el colectivo,
un pibe le hace trencitas a una piba. La repetición como salvación. La repetición como salvación.
Anoche hubo una tormenta de humedad. Nadie se pintó los labios porque era un desperdicio.
Vi una chica riendo en una galería vidriada (y) extrañé nuestras aguas estancadas.
El olor de un cajón de frutillas, algunas golpeadas, las maduras aplastadas, las maderas manchadas.
El olor a un cajón de frutillas, algunas pasadas.
En un auditorio lleno de gente, me escapo por unas canas nuevas, una blusa blanca.
Veo algunas películas en la calle. Las anoto. No tengo memoria. Un enano con casco de bicicleta come un sanguche de miga; tiene treinta pesos en la billetera. Una señora parece salida de los viajes de Chihiro; llega corriendo al tren con un ramo de flores de plástico.
Aplasto el cuerpo del poema, podo sus ramas viejas.
Estoy cambiándole la tierra a mis macetas de patio húmedo. Una señora vende sus bizcochuelos en el once.
Su poesía es contemporánea, como toda poesía. Se prende fuego la calle principal. Me acaricio el cráneo con la punta de los dedos. Enumero. La historia parece un policial, estaba yo en un auto.
Hay personas conociendo personas todo el tiempo. Déjame decirte adiós.
Romperte la boca.
Las frutillas están podridas.
El sudor es frío. El amor rubio.
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