205: drástico

Tus manos después de hora
te acordas cuando hacías pan?
he aprendido dos o tres cosas:
mi equipo es de once, pero a veces lloro, y se lesionan de a cuatro jugadores

Y al final del día, en una soledad imperdonable
una soledad irrefrenable, pienso:

Mi cadáver desparramándose en el pasto, como si fuera una sábana

Mi cadáver descomponiéndose, cayendo sobre la tierra como las sábanas caían sobre la mañana: el sol ansioso, entrando por la ventana e intentando en vano trazar una línea recta entre un brazo y tu pecho. Para mi cadáver que ya no es mi cuerpo: sólo el dolor silencioso de pudrirme, sin poder ya, llorar/recordar/comparar:

Tu cuerpo se curva, me aprieta, me recibe, se expande, se aleja, se destapa, se cubre. Sueña con otra cara, se despierta y me besa: Para mi cadáver estirado, de obrero durmiendo a la hora de la siesta, ya no hay recuerdos.

Mi muerte estirada, que sólo puede ser porque vivió: esa cama sin apuro y tu piel apretada contra la mía: para darle algún sentido al invierno frío, de avenidas llenas, a todos esos siglos de los que ya no tengo conciencia. 
Mi cuerpo que ya no existe 
Mi espalda que es de tierra 
y de un musgo que no es hermoso ni horrible; 
ya no pueden siquiera extrañarte.

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