En la misma mano sonará la melodía.
Quedando suspendida, a distancia tímida,
sobre el tinglado. sobre el teclado del delta.
Entre las cañas, las semicorcheas y la humareda.
Una fiebre de espaldas
murmura el silencio, de la flor autóctona.
murmura el espacio, entre el ardor y el helecho.
y el dolor pesado, del desprecio por lo llano
en este acorde abismal, espeso como el fangal
ajeno como el tremedal.
Sobre el tinglado; un agasajo de manos anónimas,
húmedas siempre, nuestras hoy
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